Una decisión importante es la de escoger el color del vestido. Sabemos que el color tradicional del traje de novia es el blanco, símbolo de inocencia y pureza, pero hay muchas tonalidades de blanco. Existe el blanco puro y brillante, el blanco roto (el blanco puro matizado con algo de color), el blanco hueso o anacarado, el blanco azulado, el blanco rosado. En trajes de novia encontramos frecuentemente las tonalidades del color champagne (con algo de rosa), del beige o de marfiles (con amarillo o crema).
Algunas novias modernas, con inspiración futurista optan por otras opciones menos tradicionales que incluyen el lila, el lavanda, o el rosado.
Por la existencia de tantas tonalidades en los colores, a la hora de combinar el vestido con los demás accesorios, hay que tener en cuenta que no hay dos blancos iguales y que no todos nos favorecen igual.
Por ejemplo, el blanco natural almendrado es una tonalidad que favorece a la mayoría de las novias, mientras que el blanco puro brillante no se recomienda si somos de piel muy blanca, en este caso nos favorecen más los marfiles. Y si somos de tez blanca amarillenta debemos preferir los tonos champagne, que tienen cierta tonalidad rosa. A la piel oscura le queda bien cualquier tonalidad de blanco, aunque si somos muy morenas con la piel amarillenta evitemos el marfil o los dorados y escojamos el blanco puro brillante.